Caracas, Venezuela. Se dice, con acierto, que sin buenos cruces de sangre la hípica no existiría. Ese glamoroso espectáculo que las carreras de caballos no tendría sentido si en las praderas no se buscara al campeón. Y para ello, la constante renovación de sangres y la incorporación de líneas que actualmente dominan el mundo del turf, es importante.
Venezuela no quiere quedarse atrás. Y lo demuestran las últimas incorporaciones a la crianza nacional. Se trata de tres linajudos padrillos, provientes de las más influyentes líneas maternas que hay en el mundo hípico actual.
El más llamativo es Great Hunter, el destacado hijo de Aptitude y Zenith (Roy), ganador del Lane’s End Breeders Futurity (G1) y del Robert B. Lewis Stakes (G2), con más de US$ 970 mil en premios, que entra a la reproducción en el Haras Los Samanes Polo & Racing.
Por otro lado, el Haras La Lechuza ha importado al imponente tordillo Capture D’Oro, descendiente del famoso padrillo de padrillos El Prado y de la destacada yegua madre Baby Rabit (No Sale George), la madre del ganador de G2, Spanish Chestnut.
Y si esto fuera poco, el Haras Gran Derby acaba de incorporar a su staff al destacado semental Shark, un hijo de Danzig y Surfside (Seattle Slew), con una de las líneas maternas más buscadas en la actualidad. Surfside es hija de la valiente yegua Flanders que, como madre, ya produjo a los padrillos Battle Hero y Flanders Fields, ambos ejerciendo en la hípica peruana.
La recuperación de la crianza venezolana ya data de un buen tiempo atrás. El ejemplo más saltante es la incorporación del padrillo Hurricane Force, un hijo de Seattle Slew y Dokki, cuya segunda madre, Alluvial, produjo al destacado padrillo Iron, uno de los más influyentes de la hípica peruana en los últimos 15 años.
En Venezuela, según el más reciente reporte de la Federación Internacional de Autoridades Hípicas, nacen 1.189 caballos de carrera al año y es el quinto país a nivel sudamericano en producción de purasangre.