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Gracias por todo, Pablo

07 Enero 2020 -  by Néstor Obregón Rossi

La primera vez que supe de Pablo Falero fue en 1992. El infartante final del Gran Premio Latinoamericano de aquel año, disputado en el Hipódromo de San Isidro, en Argentina, se había definido por la maestría de un joven uruguayo que ya empezaba a consolidarse en la hípica trasandina.

Potrillón, que había ganado tres meses antes y en la misma cancha el GPI Carlos Pellegrini (G1) iba por el doblete internacional y si no fuera por su conductor, quien lo exigió al máximo para voltear una carrera perdida ante Dilatado y L’Express, ese sueño no se hubiera concretado.

Pablo Falero fue el artífice de ese triunfo y desde ahí no hubo quien lo pare. Aunque su nombre ya había empezado a sonar fuerte en Maroñas, Palermo y San Isidro, aquella victoria en el Latinoamericano fue la que marcó su despegue internacional. Se hizo ídolo en las pistas y referente para los muchachos que buscaban ser jockeys.

Empezó a brillar en las principales plazas de Sudamérica y, pese a la fama, nunca se negó a una foto, a una entrevista, a un saludo. Eso lo hizo más grande.

En el camino y gracias al periodismo tuve la ocasión de entrevistarlo y ponerle la grabadora varias veces. En Lima, Buenos Aires, Montevideo, Santiago o Los Ángeles. En cualquier lugar donde tocara cubrir las principales carreras hípicas, Pablo siempre estaba y nunca le dijo no a la prensa o al público. Siempre una sonrisa y esa voz aguda y ronca que se hizo inconfundible. La misma que ayer se entrecortó para decir oficialmente adiós a las pistas como jinete. Nunca más un final que llevara su sello. Nunca más ese elegante estilo sobre un purasangre.

Hay quienes comentan que es el Irineo Leguisamo de nuestros tiempos. Yo discrepo. Una persona con el talento de Pablo Gustavo Falero no tiene comparación. Él marcó su propia época, escribió su propia historia y lejos de quedar como un sucesor, se le recordará como uno de los grandes, en solitario, sin paralelos de ningún tipo.

En el futuro se hablará de las hazañas de ‘Fa-Fa’; de cómo no daba una carrera por perdida, de los tripletes, cuadrupletes o quintuples en los hipódromos argentinos, de sus finales intensos con Jacinto Rafael Herrera o Jorge Ricardo, sus grandes oponentes en las canchas y sus más respetados amigos fuera de ella.

Falero ganó tres Derbys en su vida. Uno de ellos, en Perú. Fue con Batuka. Una atropellada brutal, pero Pablo nunca se desacomodó sobre el sillín. Por el contrario, pegó y remó con fuerza, sin perder la elegancia y la postura, coronando una conducción fría y serena, como solo él sabía hacer.

Pablo Falero, sin duda, dictó cátedra en las pistas. Fue un maestro dentro y fuera de ellas, porque su análisis de las carreras y la forma tan didáctica de explicarlas, hizo que también aprendiéramos un poco más sobre ese arte fascinante de subirse a un purasangre, dominarlo y hacerlo brillar. Gracias por todo, Pablo.

Modificado por última vez en Martes, 07 Enero 2020 21:44