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Los hijos de PETA

28 Marzo 2014 -  by Néstor Obregón Rossi

El escándalo a grandes proporciones que ha generado la denuncia de la organización PETA, le ha dado a la hípica un duro golpe en cuanto a su imagen frente al público sobre la forma en la que se desarrolla el mundo interior de las carreras de caballos.

Muchos medios del mundo, dentro de su desconocimiento de la actividad, han enfocado la noticia como si la fiesta de la hípica en su conjunto abusara de la nobleza del caballo de carreras y lo redujera al nivel de una bestia de carga.

Pero analicemos todo desde el inicio. ¿Qué es PETA? Son las siglas de People for the Ethical Treatment of Animals (Personas por el Trato Ético a los Aninales), una Organización No Gubernamental creada en los Estados Unidos en 1980 y cuya labor es proteger el derecho de los animales en el mundo, partiendo de cinco bases.

Uno de los pilares de su trabajo es luchar en contra del uso de los animales para entretenimiento público. En tal sentido, PETA está en contra de aquellos espectáculos circenses donde elefantes, leones, micos, tigres y demás especies son parte del show.

Pero el tema va un poco más allá. Porque PETA rechaza también aquellos espectáculos donde el caballo es protagonista. En efecto, la organización se declara en contra, abierta y públicamente, de la actividad hípica e incluso la tila de “deporte cruel”, argumentando que los equinos “son forzados a correr temiendo por sus vidas”. “Cuando no son utilizados en competiciones, quedan generalmente encadenados o en jaulas o compartimientos. Aquellos que no clasifican son frecuentemente descartados siendo enviados a mataderos o destruidos”, dice textualmente en su página web.

Este habría sido el motivo que impulsó a la organización a montar todo un “equipo de investigación” que filtró gente en el grupo de trabajo de Steve Asmussen, nada menos que el preparador líder histórico de los Estados Unidos y que junto a su asistente Scott Blasi, desarrollaron un esquema de trabajo que sacó varios campeones del turf, como Curlin y Rachel Alexandra, por citar algunos nombres.

Según algunas versiones, la persona que PETA sembró en el equipo de Asmussen habría llegado a tener una relación sentimental con Blasi con el fin de obtener información de primera mano. Al margen de que este detalle haya sido cierto, la infiltrada usó micro cámaras para registrar en video la forma en la que el asistente hacía su trabajo y dejar así como un testigo fiel, los métodos algo ortodoxos que se usaban en los corrales.

Un video de 9 minutos y un informe en The New York Times, fueron el detonador de este gran escándalo donde se involucra a dos de los más mediáticos profesionales del turf. La denuncia causó tanto daño a la imagen del preparador y su asistente que, como decimos en términos criollos, prácticamente se les dio como a hijos.

Independientemente del grado de culpabilidad de ambos personajes de la hípica –las autoridades de tres estados de USA ya están investigando al respecto– creo que el fondo del asunto es que PETA logró su objetivo de meterse al mundo del turf y empezar a crear un clima que vaya generando en el público la idea de que las carreras de caballos son un espectáculo nocivo o dañino dentro de esta ‘onda’ de protección a los animales.

Organizaciones similares hicieron lo mismo en espectáculos como las corridas de toros o las peleas de gallos. Independientemente de si compartimos o no estas aficiones, el tema es que se fue creando una conciencia colectiva que terminó, en muchos países del mundo, por prohibirlas definitivamente.

Esto me recuerda que hace unas semanas leí el borrador de un proyecto de ley que se pensaba (o piensa) plantear al Congreso de la República del Perú para prohibir, más o menos según lo que se pudo entender, aquellos espectáculos donde se ponga en riesgo la vida de los animales o donde se les utilice para apuestas. Si bien el texto carece de una buena redacción y por ello puede ser interpretado de varias formas, dejaría la puerta abierta para que aquellos organismos que están en contra de la hípica, tengan la justificación para intentar regular el espectáculo del turf.

Como ya lo expuse alguna vez, al margen de los temas de comercialización, los cambios que la hípica ha comenzado a sufrir en los últimos años, como la no medicamentación en los animales o el uso de fustas con un material distinto al cuero, e incluso la limitación de ella en las competencias públicas, son parte de las modificaciones que han sido forzadas desde afuera.

Puede que para algunos esta opinión sea exagerada o hasta apocalíptica; sin embargo, no creo que sea descabellado pensar que a como se están dando las cosas, en corto plazo tengamos como reguladores de la actividad a varias organizaciones como PETA. Total, actualmente son la mayoría.

Modificado por última vez en Jueves, 28 Marzo 2014 12:09