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La casa se respeta; a los rivales, también

17 Marzo 2014 -  by Néstor Obregón Rossi

Es probable que a usted no le vaya a gustar lo que va a leer en las siguientes líneas. Es probable, también, que pueda pensar que un espíritu antipatriótico me ha inundado el alma. Pero también es probable que esté de acuerdo con algunos de los conceptos que manejaré en el presente texto y que, tal vez para evitar la reacción de los “patriotas”, prefiere guardárselos. Lo cierto, es que no sería consecuente con mis ideas, ni mi visión sobre la hípica, si no expusiera algunas de las sensaciones poco agradables que me dejó el reciente Gran Premio Latinoamericano (G1).

Ayer un amigo me preguntaba qué me pareció la carrera y creo que el gesto que hice le respondió todo. No puedo estar cien por ciento feliz cuando una victoria, que igual se hubiera quedado en casa, se haya logrado tras una serie de problemas con las delegaciones extranjeras.

Muchos dirán que la demora en la llegada de los caballos a su destino final no es responsabilidad del Jockey Club del Perú. Eso lo entiendo y lo respaldo. Pero lo que me pareció un poco displicente fue que ninguna autoridad estuviera atenta a los problemas que se suscitaron en el aeropuerto al momento del trámite aduanero e, incluso, muchos se enteraran del retraso bastantes horas después.

Anoche me contaron que fue desde un stud de Monterrico que se tuvo que presionar a las autoridades de SENASA – Perú para conseguir que sobre las 5 de la mañana se liberara la prohibición de ingreso al país de los competidores que iban, seis días después, a disputar la carrera de los US$ 500 mil.

También me enteré que fue el señor Óscar Peña quien, seguramente a través de sus contactos en el aeropuerto o en Argentina, fue advertido de los problemas que estaban pasando los caballos rivales y tuvo la gentileza de enviar alimento y bebida para ellos. Un gesto que, dato no menor, permitió que muchos de los propietarios visitantes terminaran reconociendo y aplaudiendo.

Pero no fueron los funcionarios de Monterrico los que se movieron con esa prontitud o, por lo menos, tuvieron esas delicadezas para estar “in situ” solucionando los problemas. Y menos tuvieron la rápida reacción para hacer pública una carta de desagravio a las delegaciones extranjeras, disculpándose por todos los inconvenientes y prometiendo, aunque sea, una investigación sobre el particular.

Desde la orilla de los organizadores, la demora se debió a que los papeles que tenía SENASA no concordaban con los que habían enviado previamente las delegaciones extranjeras. Perfecto. ¿Pero puede demorarse tanto solucionar un trámite documentario? En todo caso vuelvo a preguntar, ¿no había ninguna autoridad del club que pudiera estar peleando en el aeropuerto este tema?

Lo paradójico es que ninguna autoridad hípica quiso, públicamente, hacer un desagravio, pese a que este mismo portal abrió las puertas para ello. La respuesta casi general fue que no había que hacer un escándalo de un tema que se tenía que resolver en la interna. El escándalo, obviamente, ya estaba generado, pero nadie advirtió que eso le estaba haciendo daño a la fiesta misma. En época de inmediatez informativa, pero sobre todo de acceso a la información, estas cosas no iban a quedarse en un simple mal momento.

Incluso ahora mismo, cuando estoy escribiendo estas líneas, hay información de que se hace complicado el abandono de nuestro país de la delegación brasileña.

Me dirán que estos problemas no son de ahora. Lo sé perfectamente. Es por ello que no se puede entender por qué sabiendo de todos los contratiempos que se originan en la organización de una prueba de tal magnitud, todavía no se hayan establecidos los puentes con las autoridades de los ministerios y organismos que nos ayuden a eliminar algunas barreras burocráticas. Y no solo es problema peruano, sino casi regional. En tal sentido, la Organización Sudamericana de Fomento (OSAF) tiene por delante la gran tarea de actuar con rapidez y seriedad por el futuro de una carrera que se hace poco atractiva cada año, precisamente por todos estos problemas. Más allá del entusiasmo que Chile y Perú le ponen a la carrera, seamos sinceros en reconocer que si los demás no quieren viajar es porque se cansaron de reclamar lo que hoy estamos comentando.

Y todo este gran bolondrón no se escapa a lo que se vio en el partidor minutos antes de la competencia. El baile que dio Victory Is Ours por varios instantes, y que originó su posterior retiro, debió ser compensado con la salida de las gateras de los demás participantes. Sin embargo, un Juez de Partida con tanta experiencia como Gonzalo Rojas, olvidó su etapa de jinete y le hizo caso omiso a las peticiones de varios jockeys que desde adentro del partidor, pedían esperar que se solucionara el caso del brasileño fuera de la celda, como sí lo hacían, relajados, tres de los cuatro representantes nacionales.

¿Por qué no primó el Fair Play? ¿Tanto pesó esa frase medio altanera y barra brava de “La Casa se Respeta”? ¿A quién, por cierto, se le ocurrió mezclar la increíble sensación que se experimenta en una carrera de caballos con lo que se puede vivir en un estadio? ¿Qué pensarían los verdaderos creadores de esta fiesta de integración latinoamericana? Y encima lanzarlo como un grito de guerra luego del capote que les dimos a los visitantes me pareció, no sé si a ustedes igual, poco atinado y poco amical.

Cuando me dicen que así nos tratan de visita, no sé qué pensar. Si bien el público puede ser hostil (cosa que este año, hay que reconocer, los asistentes a Monterrico supieron comportarse a la altura), nunca he sentido un maltrato de parte de nadie y, por el contrario, siempre se dieron las facilidades a todo lo que se pedía para la cobertura periodística. Lo digo porque lo he vivido.

Es por eso que, definitivamente, fue poco lo que se le dio a la prensa extranjera. Más allá de las invitaciones a los cocteles, fui testigo de que muchas facilidades no hubo en cuanto a conexiones inalámbricas, una mala elaborada carpeta de difusión y hasta comodidades para escribir. No hubo Sala de Prensa y los acreditados tuvieron que recurrir a los amigos para ingeniárselas cómo hacer el trabajo de ¡DIFUSIÓN! de la más importante carrera del continente.

En algún momento, el camino de la hípica peruana, se desvió por alguna tangente y no hemos podido encontrar el regreso. Lo decimos por el bien de esta fiesta que amamos todos. Analicen en frío más allá de cuestionar a quienes les decimos estas cosas con respeto y ánimo de que mejoren. Tenemos que rescatar la esencia del espectáculo, profesionalizarla, inyectar a los que están arriba del bus a que se pongan la camiseta. La casa se respeta, ayudándola a cambiar de imagen y de aspecto. Ese es el mensaje que debe primar.

Yo no voy a cuestionar el capote peruano y la buena gestión de Juan Eugenio Enríquez sobre la silla de Lideris. Pero me hubiera gustado ver ganar a la hípica peruana, sin dar ventajas de ningún tipo. Es así como los triunfos de gozan más. Uno se siente mucho más orgulloso de una victoria cuando al rival se le respeta por encima de la casa.

 

 

Modificado por última vez en Lunes, 17 Marzo 2014 19:11